martes, 18 de marzo de 2008

ENTREVISTA A ROBERT MCKEE

¿Qué es una historia?

En esencia, una historia expresa cómo y por qué cambia la vida. Comienza con una situación en la cual la vida está en un relativo equilibrio. Se trabaja un día tras otro, una semana tras otra, todo está bien. Se espera que todo siga igual. Pero entonces se produce un evento —en los guiones se llama el “incidente detonante”— que desequilibra la vida. Se cambia de trabajo, o el jefe muere de un ataque al corazón o un cliente amenaza con abandonarle. La historia continúa describiendo la forma en la cual, en un esfuerzo por recuperar el equilibrio, las expectativas subjetivas del protagonista se estrellan contra una realidad objetiva de nula cooperación. Un buen narrador de historias describe cómo se lidia con estas fuerzas opositoras, pidiéndole al protagonista profundizar la búsqueda, trabajar con menores recursos, tomar decisiones difíciles, actuar a pesar de los riesgos, hasta lograr descubrir la verdad. Todos los narradores de historias han lidiado con este conflicto fundamental entre las expectativas subjetivas y la cruel realidad.


¿Qué hay de malo en pintar un mundo positivo?

Suena falso. Se puede enviar un comunicado de prensa acerca del aumento de las ventas y un futuro brillante, pero tu audiencia sabe que no es así de fácil. Los oyentes saben que no eres tan intachable, saben que no eres tan malo, saben que has arreglado tu información para que tu empresa se vea mejor. Los comunicados de prensa positivos, con cuadros ficticios y exagerados, más bien te perjudican ya que fomentan la desconfianza en la gente que estás tratando de convencer. Sospecho que la mayoría de los directores generales no le cree a su propia gente de relaciones públicas. Y si ni ellos mismo creen en todo el bombo, ¿por qué habría de creerlo el público? La gran ironía de la vida es que lo que la hace digna de ser vivida no viene del lado positivo. Todos podríamos ser soñadores, pero la vida no lo permitiría. La energía para vivir viene del lado oscuro. Proviene de todo lo que nos hace sufrir. Mientras luchamos contra estos poderes negativos, nos vemos obligados a vivir con mayor profundidad y de manera más completa.

Reconocer este lado oscuro, ¿lo hace a uno más convincente?


Por supuesto, porque somos más veraces. Uno de los principios de la narración de historias es comprender que todos vivimos en el pavor. El miedo aparece cuando no sabemos que pasará, pero no hay nada para que podamos detenerlo. La muerte es el gran pavor. Nos libramos de é1 traspasándolo a otras personas mediante el sarcasmo, la estafa, el abuso, la indiferencia. Todos cometemos esas maldades que nos alivian las presiones y nos hacen sentirnos mejor. Después racionalizamos nuestra mala conducta y nos convencemos de ser buenas personas. Las instituciones hacen lo mismo: niegan la existencia de lo negativo y, al mismo tiempo, castigan a otras instituciones o a sus empleados con el traspaso de este pavor. Si eres realista, sabes que esto es parte de la naturaleza humana. De hecho, te percatas de que esta conducta constituye el fundamento de toda la naturaleza. El imperativo de esta naturaleza consiste en seguir una regla de oro de la supervivencia: haz a los demás lo que ellos te hacen a ti. En la naturaleza, si ofreces cooperación, todo está bien. Pero si ofreces cooperación y te devuelven antagonismo, das antagonismo a cambio, y a montones.
Desde la época en que los humanos se sentaban alrededor del fuego en las cavernas, hemos contado historias para ayudarnos a convivir con el pavor de la boda o la lucha por sobrevivir. Todas las grandes historias iluminan el lado oscuro. No estoy hablando de la llamada maldad pura, porque eso no existe. Todos somos malos y buenos, y estos estados están en continua batalla. El ex director general de Enron, Keneth Lay, dice que los despidos masivos y el hecho de que se esfumaran los ahorros de los empleados no fueron intencionales. Y Hannibal Lecter es agudo, encantador y brillante, pero se come el hígado de la gente. Las audiencias valoran la veracidad de los narradores de historias, aceptan el lado oscuro de los seres humanos y lidian honestamente con los sucesos antagónicos. La historia genera una energía positiva y realista en aquellos que la escuchan.




¿Significa que se debe ser pesimista?


No es una cuestión de ser optimista o pesimista. Me parece que los seres humanos civilizados son escépticos, son personas que no creen nada sólo por su apariencia. El escepticismo es otro de los principios del narrador de historias. El escéptico comprende la diferencia entre el texto y lo dicho entre líneas, y siempre está buscando lo que realmente está sucediendo. El escéptico está a la caza de la verdad bajo la superficie de la vida, sabiendo que los sentimientos de las instituciones y personas son inconscientes y no se expresan. El escéptico está siempre tratando de mirar detrás de la máscara. La gente genuinamente dura no hace esfuerzos por parecerlo.




Una historia oscura, ¿produce energía positiva en los oyentes?

Cien por ciento. Seguimos a la gente en la cual creemos. Los mejores líderes con los cuales he colaborado, han llegado a aceptar la realidad oscura. En vez de comunicarse por medio de especialistas en relaciones públicas, dirigen y lideran a sus actores y a su equipo a través del antagonismo de un mundo en el cual las posibilidades de terminar la película, distribuirla y venderla a millones de espectadores de cine, son de 1,000 en uno. Ellos agradecen que la gente con la cual trabajan adore su trabajo y viva de los pequeños triunfos con los que contribuye al triunfo final.
Del mismo modo, los directores generales deben presidir o pararse frente al micrófono y dirigir la navegación de sus empresas en medio de tempestades de la mala economía y la fuerte competencia. Si miras a tu audiencia a los ojos, haces saber los desafíos realmente atemorizadores y dices: “Vamos a tener más suerte que el demonio si nos libramos de esto, pero he aquí lo que creo que debemos hacer”, la audiencia te escuchará. Para que la gente te siga, puedes contar una historia verídica. La historia de GE es maravillosa Y no tiene nada que ver con el culto a la celebridad de Tack Welch. Si tienes una visión grandiosa de la vida, puedes contemplarla en toda su complejidad y celebrarla en una historia. Un gran director general es alguien que ha aceptado su mortalidad y, como resultado, tiene compasión por los demás. Esta compasión se expresa en historias.


¿Cómo descubren los narradores las historias que merecen ser contadas?

El narrador descubre una historia haciendo ciertas preguntas clave. Primero, ¿qué desea mi protagonista para restaurar el equilibrio de su vida? El deseo constituye la sangre de la historia. El deseo no es una lista de compras sino una necesidad esencial que, si se satisface, pondría de inmediato fin a la historia. Luego, ¿qué está impidiendo a mi protagonista concretar su deseo? ¿Fuerzas interiores?, ¿dudas?, ¿confusión?, ¿la madre naturaleza?, ¿los amigos?, ¿la familia? Los antagonistas provienen de la gente, la sociedad, el tiempo, el espacio y cada objeto existente en él o cualquier combinación simultánea de todas estas fuerzas. Entonces, ¿cómo debería mi protagonista decidir su forma de actuar para lograr sus deseos frente a estas fuerzas antagónicas? Es en la respuesta a esta pregunta cuando los narradores de historias descubren la verdad de sus personajes, porque el corazón del ser humano se revela en sus elecciones hechas bajo presión. Finalmente, el narrador da un paso atrás para observar la estructura de los eventos creados por é1, y se pregunta: “¿Creo en esto? ¿No sería una exageración o una minimización de la lucha? ¿Es esta una narración honesta, aunque el mundo se venga abajo?”.

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