miércoles, 23 de julio de 2008

ENTREVISTA A PAZ ALICIA GARCIADIEGO


Paz Alicia Garciadiego es la esposa y colaboradora del cineasta Arturo Ripstein, con quien ha filmado la mayor parte de sus guiones, entre ellos "Profundo carmesí", "La perdición de los hombres", "La virgen de la lujuria". Esta es una entrevista realizada por El diario de Quito El Telégrafo.


- Ha dicho que la única manera de entender al hombre es a través de sus herejías... ¿Cómo influye la noción del pecado en la creación de tus historias?

Cuando estoy construyendo un personaje, básicamente en lo que me fijo y lo que describo son sus defectos, sus pecados. Dejo de lado sus virtudes, no porque no existan, sino porque no me interesan, narrativamente hablando. El pecado es mucho más fructífero. Volviendo al origen del pecado, casi todos los acontecimientos que narra la Biblia están basados en ello. Occidente cuenta historias a partir de los conflictos y estos se desatan cuando hay una ruptura del orden.

- Esta ruptura del orden es muy helénica, también. La mitología griega, en donde las deidades giran alrededor del caos y del orden...

Claro, la historia griega mitológica comienza cuando Saturno se come al hijo, pero este, Júpiter, sobrevive. Este concepto de la ruptura del orden no es estrictamente judeo-cristiano. Con el paso del tiempo, aún seguimos viviendo esa estructura, por lo menos el mundo en el que estoy. Me imagino que hay culturas en donde, quizás, ese no sea ese el punto de partida.

- En el caso de la cultura mexicana, en donde pesa mucho el ‘shock’ de la conquista sobre la construcción de los imaginarios, lo cual viene a ser también una entrada a un cierto caos, ¿cómo influye en su narrativa?

En la inadecuación. Yo creo que todo latinoamericano se siente inadecuado. Pienso que básicamente le estamos rindiendo cuentas a Europa, detrás de la cual nos forjamos. Pero siempre estamos rezagados. Mis personajes son inadecuados porque nunca se sienten conformes con su propia piel. El mestizaje es una carga, y lo vivimos así. Esto influye en mi manera de crear personajes. Ellos incumben a mi mundo, en el cual no corresponden a lo que quisieran ser: rubios, de ojos azules y medir un metro ochenta.



- En México aquello se nota claramente en la cultura audiovisual televisiva. ¿Cómo afecta esto al mexicano promedio, que no se refleja en lo que ve?

México es el único país que es mestizo por decreto. Allí el mestizaje es un estadio cultural que va más allá de cómo nos veamos. Esta entelequia, de la que todos estamos muy orgullosos y que los muralistas retrataron, es contradicha constantemente por la necesidad de ser el otro. Octavio Paz, en el "Laberinto de la soledad", habla de cómo el mexicano es el hijo de la violación, o mejor dicho, de la traición a su raza, cometida por la Malinche. En México está prohibido hablar oficialmente de raza, desde 1820. Técnicamente todos seríamos mestizos, lo cual es falso, es otra forma de hipocresía como el hecho de poner rubios en la televisión. Ello sucede también en otros países como Venezuela o Colombia. Todos estamos volteados hacia Europa y nos regresamos a ver muy poco.

- Esa truculencia y aquellos valores virados manifiestos en las películas de Ripstein, ¿pertenecen a esta cultura mexicana que usted menciona?

Yo creo y espero que sea así. Justamente los escribo (los guiones) pensando en eso. Muchas veces hemos sido acusados de denigrar a México y mentir sobre mi país. Pero simplemente es el mundo en el que me tocó vivir. Una vez tuve que escribir un guión en torno al incesto, el cual derivaba en suicidio, y pensé: ¿quién se suicida por esta causa en una ciudad de 20 millones de habitantes, en donde padres y hermanos comparten la misma cama y tienen relaciones con sus hijas o hermanas, sin que ninguno se escandalice? Tenemos esa especie de ansia de ser lo que no somos, y esconder lo que somos. En la historia del cine, este tipo de críticas estuvieron muy presentes, por ejemplo, en el neo-realismo italiano. El mismo Buñuel en su etapa mexicana fue incluso repudiado... De hecho se pidió su expulsión cuando hizo "Los Olvidados". Se dijo que cómo se atrevía "ese español" a sacar los trapos sucios al sol. Yo pienso que como el cine es arte, no solo que puede hacerlo, sino que debe hacerlo. Y entre sacar aquellas verdades taponadas, la más importante es la inadecuación de la que hablé.

- Algo que llama la atención en la dupla que usted ha hecho con su esposo es el uso del humor negro, ya que Latinoamérica no ha tenido grandes representantes de esa escuela...

Yo no puedo resistirme, me encanta. El humor negro es bastante propio de mi país. Un día hice una película sobre un muerto, y yo que siempre había criticado la visión de ‘antropólogo francés’ de cómo el mexicano se ríe de la muerte, cambié de idea cuando la presentamos en San Sebastián. Había una escena en la que debían partirle las piernas para sacarle los zapatos y el público español se aterrorizó. Allí me di cuenta de que este humor es muy mexicano. Yo pienso que hago comedias y me río mucho mientras las veo. Mucha gente me dice que no es gracioso sino espantoso, pero yo creo que una forma de humor es aquella que retrata lo oscuro, el pecado nuevamente.

- ¿Dentro de ello entra el absurdo?

México es un país enormemente absurdo, y me interesa rescatar eso. Allá la lógica tradicional occidental, en la cual vivimos, se trastoca constantemente. El absurdo de la mezcla de las tradiciones prehispánicas y la cultura occidental genera una falta de coherencia, la cual utilizo lo más que puedo en mis historias.



- ¿Sus personajes tienen esta lógica mestiza?

Por supuesto, no pueden ser más que hijos de su lugar y su momento, al igual que lo soy yo. Por lo tanto, creo que son producto de esta contradicción y la reflejan. Por ejemplo, en "Profundo Carmesí" hay una escena en la que una vieja se pone a recitar "El cantar de los cantares", mientras va a follar con un tipo. Es un absurdo.


Fuente: ABC guionistas