viernes, 8 de agosto de 2008

AZUL: TRILOGÍA DEL COLOR DEL MAESTRO KIESLOWSKI (PRIMERA PARTE)


Este momento era esperado por mí con muchas ansias. El tener en mis manos la trilogía del gran maestro, nada más y nada menos, que las del polaco Krzysztof Kieslowski (Varsovia 1941-1996), es algo verdaderamente suspirante y de gran felicidad. Estas joyas cinematográficas, junto al resto de la filmografía de este gran director, han demostrado que el cine va mucho más allá del simple hecho de entretener, mucho más allá de los sentidos, que el cine puede ser un placentero juego simbólico y metafórico. Se trata de un realizador con independencia intelectual que le permitía brindarnos el mejor cine de autor, un cine que constantemente nos desafiaba a pensar sobre la condición humana, dejándonos mayores interrogantes que respuestas, para que nos encargáramos de buscar estas últimas por nosotros mismos. Kieslowski fue un hombre que encontró al cine como medio para la búsqueda del alma, no sé si encontró lo que buscaba, pero el hecho de que haya renunciado al cine tan pronto (52 años) da pauta de que llegó donde quería llegar. Krzysztof Kieslowski era un maestro de lo simbólico, un obsesivo de la imagen, un realizador que tenía que sentir en sus entrañas la necesidad de hacer una película. El en realidad nunca pudo dejar el cine, antes de su muerte en el año 1996 y trás haber anunciado su alejamiento total del cine, comenzó a escribir una nueva trilogía basada en La Divina Comedia de Dante, titulada Cielo, Purgatorio e Infierno. Sin embargo, en 1996, sin concluirlas, muere de un ataque cardíaco en su ciudad natal. Estas películas fueron llevadas al cine, por lo menos "En el Cielo" (por Tom Tykwer) y "El Infierno" (por Danis Tanovic) pero no han recibido una buena aceptación, ni del público ni de la crítica.




Podríamos hablar tanto sobre este hombre, director, filósofo, sabio, poeta, innovador, y gran compositor visual, pero creo que a través de su trilogía pueden conocerlo mejor. Hablar de obras como estas cuesta muchísimo, porque uno no sabe por dónde comenzar ni dónde puede llegar, pero voy a tratar - y espero lograrlo - de completar esta solemne trilogía del color llamada "Los tres colores". Esta famosa trilogía está dedicada a la bandera francesa, utilizando sus correspondientes colores que hacen referencia a cada uno de los tres principios básicos de la revolución francesa, libertad (Azul), igualdad (Blanco) y fraternidad (Rojo). Los tres films son interdependientes entre sí, sin embargo ciertos y sutiles elementos los ligan para crear así una trilogía perfecta, que en base a tres propuestas diferentes llega a conseguir un todo en tres películas individuales y cada una con un sello muy particular, pero la palabra humanidad, en todos sus significados, es el centro de todas las historias.



Este post se va a centrar en la primer película que conforma esta trilogía, realizada en el año 1993 y protagonizada por Juliette Binoche. "Blue" es una sublime pieza que circula por los caminos mas oscuros y recónditos del alma, del perdón, del odio, de la soledad y del amor, a través de los ojos de Julie (interpretada maravillosamente por Binoche). En un accidente de coche, Julie pierde a su esposo Patrice, un prestigioso compositor, y a la hija de ambos, Anna. Al recuperarse de sus lesiones, Julie decide comenzar una nueva vida, independiente, solitaria y anónima, alejada de los privilegios que antes disfrutaba. En su propósito se cruza Sandrine, una periodista especializada en música que la persigue intentando probar que era Julie quien componía las piezas que hicieron famoso a su marido. También pretenderá entrar en su vida Olivier, el ayudante de Patrice, enamorado de Julie desde muchos años atrás, que la convence para terminar el «Concierto para Europa», una ambiciosa obra inacabada del músico.



El film juega magistralmente con lo hipnótico utilizando, por momentos de manera cercano a lo onírico, los colores como medio de expresión (en especial el azul). La película es un viaje al interior de esta mujer, a ese interior solitario hundido en la oscuridad y ahogado por el dolor, el mismo que no le permite llorar y hacer luto por la muerte de su esposo y su pequeña hija. Esta mujer llega al punto de auto-castigarse para saber si realmente siente dolor. Tal es el caso de la escena en la que ella camina por la vereda, y mientras, va raspando su puño contra las paredes. Kieslowski maneja el dolor de este personaje sin llegar a la exageración ni al abuso, profundiza en los silencios, en los gestos y en la utilización de objetos, específicamente en cristales, que narran de manera implícita y simbólica lo que esta mujer siente, quiere y el pasado que la persigue. Algo también notable es la pileta dónde ella nada, utilizada como medio de desahogo de esta mujer, de ella reluce una imponente y saturado azul, que si volvemos al significado de este color, la pileta y el agua resultan un medio de liberación para esta mujer.



El azul predomina en el 90% del film. A la protagonista la siguen las ganas de liberarse, pero su pasado no le permite. Primero debe liberarse de él, para luego llegar a su propia libertad. Kieslowski se mantiene muy cercano con esa cámara inquieta tan característica de su cine, esa cámara que intimida, que acosa, que no deja nada fuera del encuadre, que se centra obsesivamente en mostrar a sus personajes sin perderse ningún movimiento ni detalle. Sus sufridas piezas sonoras - tan importante y vital para todas sus películas y exclusivamente en esta - fueron compuestas por quién fue su fiel compositor Zbigniew Preisner. Al hablar de la música me vienen a la mente las escenas en la que Julie esta frente a las partituras de su esposo y a medida que su dedo va cruzando por cada una de las notas, se escuchan los instrumentos y las notas correspondientes a las que indica de este dedo. Su banda sonora carga con un profundo dolor, sobre todo en esos largos fundidos que tiene el film en momentos en las que la protagonista pasa por preguntas claves y dolorosas realizadas por algún otro personaje. Su saturada y alucinante fotografía estuvo a cargo de Slawomir Idziak, quién ha también trabajado en sus anteriores obras "La doble vida de Verónica" (1991) y "No matarás" (1988).



Kieslowski hipnotiza, nos involucra en la tragedia, y nos mete en la piel de Julie, transmite su mensaje de manera poderosa y conmueve profundamente pero sin obligar al llanto y todo ello sin apenas palabras. Este poema visual es absolutamente silencioso, en la cuál se manifiesta una profunda mirada de un director que desborda sabiduría, una búsqueda obsesiva de la libertad de una mujer que tiene sus sentimientos atrofiados tras este terrible acontecimiento, una historia que ingresa en los dolores mejores escondidos de sus personajes. Una película de la cuál podría seguir hablando y manifestando millares de elogios. Pero prefiero dejar espacio para las otras dos, las cuales conformarán mis próximas dos notas. Luego de toda esta admiración escrita hacia este sabio director, lo único que me queda decir sobre "Blue" es que es una imperdible "OBRA MAESTRA". Hasta el próximo post, que siguiéndo el orden de las fechas correspondientes a sus realizaciones, será "Blanco".




6 comentarios:

Marina Khalo dijo...

Al leerte me di cuenta que la noche (escribo ya tarde, en el calor y el silencio de la horas) era demasiado azul. De un azul casi negro.
Recuerdo haber visto la película cuando se estrenó. Coincidía, entonces, mi estado con el de la protagonista. La situación del duelo y catarsis que produce perder a los que amamos. Se instala la rabia y el dolor mudo, las metáforas se ponen después. Y éste, (como tú bien dices) es un logro en la pericia poética del director. La libertad, cubierta la necesidades básicas y primarias (aquellas que dan lugar a la revoluciones y movimientos) deviene en una necesidad de vivir la vida en sí misma, reconstruyéndonos en cada pérdida, en cada fisura cicatrizada. Lo bueno, la capacidad de crear y re-crear, en azul, blanco o rojo.

Un saludo y felicidades por tu blog.

Ariel Luque dijo...

Sos toda una poetisa Marina, comparto lo que decis y sobre todo de la manera en que lo decis. Tus palabras tiene una gran carga sentimental, se nota que esta pieza cinematográfica te marco en su momento y sentiste una conexión con ella, como vos bien lo dijiste. Si has visto la trilogía completa de este maestro, espero que las próximas notas te gusten. Un abrazo enorme y fue un gusto leerte, me encantaría que vuelvan seguido tus bellos aportes poéticos.

Ariel.

yorgos dijo...

Como dices, tener esta trilogía en las manos, es un tesoro. "Azul" es un verdadero poema visual, una obra maestra que te absorve y te hace suyo mediante esa sufrida y preciosa banda sonora y esa magistral fotografía reinada por los tonos azules que conducen el film. Y por supuesto, debe decirse que ocurre algo muy parecido con el resto de la trilogía de la que seguiré seguro tus comentarios en este blog.
Tengo curiosidad por ver esas dos películas basadas en dos de las obras que podrían haber compuesto su última trilogía. Sobre todo tengo curiosidad por la de Tanovic, a ver si la encuentro.
Un abrazo!

Ariel Luque dijo...

Bueno miralas y luego contame que te han parecido. Yo he encontrado para ver solamente "En el cielo" de Tykwer. Asi que luego te cuento que me pareció. Una abrazo enorme Yorgos y nos vemos en el próximo post.

Ariel.

Shangri-la dijo...

Hola. Te invitamos a visitar nuestra revista sobre cine y literatura. Un saludo.

Unknown dijo...

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