miércoles, 27 de agosto de 2008

LA ETERNIDAD Y UN DÍA: UN HOMBRE ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE, ENTRE EL PASADO Y EL PRESENTE


El cine del poeta griego Theo Angelopoulos (El Apicultor, Paisaje en la niebla, El paso suspendido de la cigüeña) logra llegar a los sentidos de una manera realmente admirable, en su cine suele haber un tema recurrente cómo es el pasado y su doloroso y nostálgico cruce con el presente. Esta es la tercera vez que veo "La eternidad y un día" (1998) y sigue infiltrándrose en mí como la primera vez y aun más. Este drama doloroso, nostálgico, melancólico, literario y profundamente poético, es una excelente obra que causa una importante conexión sentimental y emocional con el espectador, por lo menos, en lo personal. Este film recibió la palma de oro en festival de Cannes y el premio del jurado en ese mismo año. Esta protagonizado por el alemán Bruno Ganz, Isabelle Renauld, Fabrizio Bentivoglio, Despina Bebedelli, Achileas Skevis, Alexandra Ladikou.



Alexander, escritor griego habitante de Tesalónica, tiene unos pocos días de vida y enfrenta el dilema de morir como un extraño a sí mismo, o bien aprender a amar, a comprometerse y a expresarse con la gente que le es cercana. Tras optar por esta segunda vía, Alexander lee las cartas de Anna, su esposa fallecida, y cierra su casa en la playa. En Salónica, un día lluvioso, encuentra a la primera persona que le ofrece una oportunidad de cumplir su deseo de vida: un niño albanés al que Alexander ayuda a pasar la frontera. Más tarde, cuenta al niño la historia de un poeta griego que vivió desde la infancia en Italia y que, de regreso en Grecia, compraba palabras olvidadas para escribir sus poemas en su lengua natal. El niño de quien Alexander se ha responsabilizado, busca para él palabras y se las vende. Para el niño es un juego; para Alexander es la respuesta a su ansia de vivir a profundidad.


Volver al pasado resulta para alexander una manera de escaparse de su dolorosa realidad, una realidad solitaria, cuya única compañía es un perro y un vecino - el cuál no conoce - que vive frente a su departamento y le responde con la misma música que el escucha; y sobre todo una realidad dolorosa debido a su enfermedad. Este es el único contacto que tiene el protagonista con él afuera, un afuera que de por sí es desértico y de días grises. Alexander es una persona de un solitarismo voluntario, de esos llamado personajes grises, un poeta y escritor, cuyo presente es interrumpido por esta carta de Ana, abriendo así un portal hacia ese pasado que el tanto añora. Estos cruces con el pasado no son flashbacks sino que interrumpen al presente en el mismo plano, logrando así que Alexander circule por estos bellos recuerdos como si lo estuviera viviendo nuevamente. Algo notorio es el contraste de Alexander con el resto de los personajes del pasado, el viste con ropa gris oscura y el resto de los personajes con colores claros que reflejan un intenso brillo con la luz del día. En estos recuerdo la protagonista es Ana y su madre, esas mujeres que el tanto amó en silencio. Una bellisima Ana que le va narrando en voz en off a lo largo del film varias cartas de gran carga poética escritas por ella hacia él y una madre a la que él recuerda por su delicados gritos que lo llamaban cuándo la comida estaba lista.



Este niño - un refugiado albano - con el que Alexander se cruza resulta una nueva oportunidad de buscarle un sentido a su presente, un presente dormitativo y doloroso. El primer cruce es en una esquina dónde este niño le limpia el vidrio del coche, al llegar la policía Alexander lo hace ingresar en su coche y lo deja luego más adelante fuera de peligro. El segundo encuentro es cuándo Alexander ve que dos hombres lo llevan hacia una fabrica en dónde se realiza tráfico de menores. Decide sacarlo - no le queda otra que comprarlo - y llevarlo hacia la frontera. Pero este niño carga con un presente doloroso como el presente de él, esto genera una conexión de ayuda mutua. Hay una escena que causa una gran angustia, en el momento en que Alexander lleva al niño a la frontera, allí el niño le cuenta sobre su lugar natal. Un lugar en dónde hay una guerra y dónde fué testigo de varias muertes. Cuándo miran hacia la frontera, allí hay decenas de cuerpos agarrados en los alambrados, cuya inmovilidad dan a entender que son quienes han querido escapar. Esto produce que el protagonista se arrepienta y salga corriendo con el niño. A partir de acá esta relación se fortalece más, de algún modo este niño es el alma gemela del protagonista y está casi tan solo como Alexander. Es el único contacto humano que tiene, de Ana solo tiene recuerdos y algunas cartas y de su hija - quién aparece al principio - ni un poco de cariño.



La escena cercana al final, en dónde Alexander y el niño están en un colectivo, allí suceden cosas muy extrañas. Ellos se cruzan con un joven que tiene en sus manos una bandera roja que viene de una manifestación, con una pareja que se pelea en voz alta, con una orquesta que hace la canción con la cuál el se relacionaba con el vecino de enfrente - esto no lo dije antes, pero esta canción es la bellísima banda sonora que tiene el film - y además sube el poeta que compraba palabras en la historia que Alexander le contó al niño. Este poeta comienza a leer el poema de las palabras compradas, pero no logra terminarlo debido a que le falta una palabra... la última: "La vida es dulce y...." Esta palabra queda a merced de cada uno. El film tiene momentos y diálogos de gran riqueza poética, imágenes paradisiacas que salen de un pasado añorado. Una critíca social, que no tiene un gran peso, pero que muestra de manera superflua esta venta y tráfico de niños. Un film con planos largos que realizan un acompañamiento alrededor de sus personajes, con su apreciación y detención en objetos inanimados y su ritmo poético. La habitual cámara de Angelopoulus que retrata con languidez la vida y la muerte de este personaje sombrío y memorioso. Tanto la fotografía, como la música de la película de la compositora griega Eleni Karaíndrou, puede acomodarse perfectamente en el infinito y sugerente título y todo lo que éste envuelve: lo intangible, la memoria, la realidad, el sueño. Pérdida y epifanía, misterio y testimonio, pasado y presente, recuerdo y reconstrucción, historia suspendida que teje nuevas visiones y también nuevas ficciones. Una última frase en boca de Ana que dice: "La eternidad es un día", este último día para Alexander fué la eternidad de la que tanto le hablaba su amada Ana. Una eternidad que tanto necesitaba para volver a su pasado felíz. Una gran obra poética y de majestuosa belleza visual, que se centra en buscarle un sentido al presente y al mañana de este personaje, pero centrando su busqueda en el pasado.




10 comentarios:

yorgos dijo...

Bajo mi punto de vista, ésta es una de las principales obras de uno de los más grandes directores europeos. Su "paisaje en la niebla", "el vuelo suspendido de la cigüeña", "el viaje de los comediantes" o "eleni", son todas películas admirables. Quizás destacaria mayormente a bote pronto "la eternidad y un día" y "la mirada de Ulisses".
El cine de Angelopoulos tiene una carga poética que se convierte en un deleite para el espectador, y que consigue que sus bellísimos planos secuencia perduren en la mente de uno durante largo tiempo, recordando imagen, texto poético y banda sonora como un todo inseparable.
un abrazo compañero!

Castedo Merinero dijo...

Una de las películas más profundas, líricas y bellas de Angelopoulous.
Mi preferida junto a Paisaje en la niebla.

Ariel Luque dijo...

Estoy de acuerdo con ambos, no he podido ver aún todas su películas pero de a poco lo voy logrando. Son un deleite poético y la belleza que carga cada una de ellas, es de una sublimidad realmente admirable. Un abrazo a ambos!

Ariel.

marina khalo dijo...

Estuve de viaje y al regresó he leído el análisis de las diferentes películas que nos propones. Desde “El desierto rojo” hasta “La eternidad y un día”. Hay un hilo conductor imaginario que podría hilvanar una película con la siguiente. La realidad poética de nuestras elecciones. Pensé hablar de estas dos películas, pero no he podido. Lo único que me venía a la mente son las palabras de Alejandra Pizarnik:

“explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome”

Te recomiendo el documental “El final de una eternidad” sobre el rodaje de la película, sobre todo su final.

Un placer leer tu blog y un saludo

Ariel Luque dijo...

Voy a tomar en cuenta la recomendación, sobre todo espero encontrarlo, voy a tratar de hacerlo por internet. Muy hermosas y profundas palabras las que has citado de Pizarnik. Creo haber sentido eso y por ese motivo me siento tan cercano y con una gran conexión hacia estas historias y personajes. Tambien es un placer leerte y gracias por tu regreso al blog. Espero que la hayas pasado bien en tu viaje. Un abrazo.

Ariel.

Pablo dijo...

¿Cuanto dura el mañana?
La eternidad y un dia...
Una espléndida película, y en donde el gran Theo Angelopoulos nos ofrece un auténtico poema visual, y con una banda sonora que se te mete hasta dentro del alma. Y magistral la interpretación de Bruno Ganz. Extraordinario trabajo amigo Ariel. Saludos!!!
http://pablocine.blogia.com

Ariel Luque dijo...

Muchas gracias amigo Pablo. Un abrazo!

Ariel.

Unknown dijo...

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Claudio Vila Ceppi dijo...

Me temo discrepar un tanto grande con los anteriores comentaristas.

Está película tan premiada me ha parecido un excelente poema en primer o segundo borrador que aún no ha sido editado pero si publicado.

Un muy buen proyecto para expresar los sentimientos y sensaciones de un hombre que luego de haber sido un personaje destacado de la literatura se encuentra transformado en un fantasma que recorre penosamente sus vivencias pasadas, pues estas le hablan de lo mal que aprovechó su vida.

Claudio Vila Ceppi dijo...

Me temo discrepar un tanto grande con los anteriores comentaristas.

Está película tan premiada me ha parecido un excelente poema en primer o segundo borrador que aún no ha sido editado pero si publicado.

Un muy buen proyecto para expresar los sentimientos y sensaciones de un hombre que luego de haber sido un personaje destacado de la literatura se encuentra transformado en un fantasma que recorre penosamente sus vivencias pasadas, pues estas le hablan de lo mal que aprovechó su vida.