viernes, 12 de septiembre de 2008

CARTAS DE PARÍS: NO MENTIRÁS



"Cartas de París" (2003) es la minimalista obra debut de la realizadora Julie Bertuccelli, quién fue asistente de dirección de Kieslowski en "Tres colores: Azul", entre otros directores. El título real es "Depuis qu’Otar est parti" que traducido significa "Después que se fue Otar", aunque también "Cartas de París" resulta bastante acertado, este juega con colocar una doble escena entre la verdad y la mentira; y nos da un pequeño adelanto del final. Esta bella obra juega con colocar a sus protagonistas en una situación de engaño y culpa, pero a la vez uno como espectador también se comienza a debatir que haría en el lugar de estas mujeres. Una mentira que puede resultar causada por el egoísmo o por el amor hacia una madre. La mentira es el principal tema de este film, todos mienten. "Cartas de París" puede verse como una metáfora política, en tanto las tres mujeres representan, cada una a su manera, la respuesta de tres generaciones a las mentiras – estás sí, graves y mortíferas – del Stalinismo.

Cuenta la historia de un matriarcado de tres generaciones, tres mujeres que languidecen juntas en un deteriorado departamento suburbano, en Georgia, un país cuya infraestructura económica y social ha colapsado junto con la Unión Soviética. Ada (DINARA DROUKAROVA), una joven tan sensible y perceptiva como endurecida por la vida, convive esforzadamente con su madre Marina (NINO KHOMASSOURIDZE), una atribulada mujer, otoñal aunque todavía voluptuosa, y su abuela Eka (ESTHER GORINTIN), una gran dama de 90 años quien todavía conserva un espíritu vital lleno de picardía y agudeza. Ada tiene devoción por su abuela, y comparte con ella una verdadera pasión por París, ciudad a la que se ha marchado Otar, su tío médico, hijo de Eka y hermano de Marina, en busca de mejores horizontes. Las cartas de Otar son esperadas con lógica ansiedad por todas ellas, y especialmente por la abuela, pero un día sucede el desastre: un llamado telefónico les avisa que Otar ha muerto en un accidente. Golpeadas duramente por la noticia, Ada y su madre deciden ocultarle la terrible verdad a la anciana, y comienzan entonces a fraguar cartas de Otar desde París; Ada es quien se encarga de escribirlas, cuidándose de copiar exactamente el estilo de las cartas verdaderas, e inventado una realidad de episodios nuevos y optimistas perspectivas para el futuro. Así, el delicado equilibrio familiar parece sostenerse a pesar de la tragedia, hasta que el azar o el destino intervendrá inesperadamente.


Estas mujeres viven su soledad de a tres en un modesto departamento de la capital de Georgia. Una cotidianeidad hecha de expectativas, de sueños demasiado lejanos y de desilusiones perceptibles. Hay algo veladamente quebrado en su existencia, pero cada una de ellas ha sabido optar, al cabo de los años, por la resignación silenciosa y a la vez por la esforzada voluntad de encontrarle algún sentido a sus vidas. Los libros en francés que pueblan las estanterías quizás sean el recurso simbólico del que ellas se valen para sostener la cercanía de un legado cultural que todavía les alimenta las esperanzas; al fin de cuentas, Francia es parte del pasado familiar, y persiste como un halo de fascinación inextinguible. La vida que llevan en Tbilissi es realmente difícil. Y Otar vive en París... Otar es el gran ausente del film, no sabemos nada de él, solamente lo que las primeras cartas van de poco informándonos. Un Otar algo egoísta según la mirada de su hermana Marina. Estas cartas llegan recurrentemente con dinero y sus llamados, esperados ansiosamente por su Eka, son entre cortados por un mal funcionamiento del teléfono. Eka se empeña en que Ada se las lea en voz alta, porque lo hace con un francés casi sensual, dándole vida a las palabras lejanas de su amado hijo. Tras irse Eka a la casa dónde vivían antes, un llamado de Niko, un amigo de Otar, les informa que este ha fallecido de una manera horrorosa, específicamente cayendo de un quito piso desde un andamio. Apatir de aquí, madre e hija comienzan a debatir que hacer con Eka, si darle la noticia de que su hijo preferido ha muerto y arriesgar su vida - ella sufre del corazón - o iniciar un juego de mentiras. Las cartas comienzan a llegar pero escritas por Ada, su nieta. La culpa cada vez se vuelve más tormentosa.

Todo empeora, pero muy lentamente, hechos que van van causando pequeños problemas que complican el poder mantener esta mentira. Entre estos hechos podemos nombrar la vuelta de Niko - el amigo de Otar - para darle las pertenencias de Otar a la familia. Cuándo ingresa a la casa y se entera de que Eka no sabe de la muerte de su hijo, se ve obligado a mentir y seguirle la corriente. Las cartas comienzan a llegar con mayor tiempo de diferencia y con menos plata. La vuelta de su hijo para Eka resulta cada vez más lejana. Marina decide ir a la casa de su infancia para tomar algunas cosas de su hermano Otar para venderlas, pero Ada su hija le prohibe que haga eso, porque para ella es robar. Ada le dice en la cara a su madre que está decidida en decirle la verdad a su abuela y la acusa a su madre de egoísta, que solamente hace esta farsa para seguir compitiendo son su tio. Y de vuelta se enteran de que Eka había vendido todos sus ancestrales libros franceses para viajar a París y visitar de sorpresa a su hijo. Las tres viajan a París, Eka a buscar a su hijo, Ada y Marina su tumba.



Todo el film circula por ámbitos dotados de gran naturalismo, logrando así una estética completamente realista. Su banda sonora interpretada por violines, suena como un triste lamento y una suplica de perdón. Encuadres perfectos, precisos y que hablan por si sólos. El tema del engaño y de la mentira tienen un realce tal a lo largo del film que bien merecen darle su lugar. Preguntas por el derecho a mentir y por el decir la verdad. No mentirás no es lo que dice el decálogo. Acaso un mandamiento que brilla por su ausencia. El mentir es una cuestión que toca la cuestión sociológica, cultural así como también nuestros valores. Particularmente, en lo que refiere a las mentiras piadosas. Cartas de París se desarrolla bajo los efectos de la cultura del stalinismo poniendo sobre el tapete del modo más cruel su versión sobre la verdad. Para el stalinismo, - tal como lo confirma otro film contemporáneo a éste, Good bye, Lenin -, la mentira es cuestión de estado, en tanto la creencia que el estado funciona bien y la ficción de felicidad están por encima de cualquier otra cuestión y por supuesto de los derechos civiles. La mentira individual, el engaño colectivo, la complicidad para engañar y hacer feliz al otro, la organización de un mundo discursivo a la medida de cada uno es una denuncia de la ética del stalinismo y, más en general, de los regímenes totalitarios. "Cartas de París" es un film bello y poético, dotado de una historia sencilla pero de un trasfondo que contiene un gran compromiso político.




6 comentarios:

El Ente dijo...

jejejje, amigo Ariel, haces que mi curiosidad se ponga al limite por ver las peliculas que detallas con tanta maestría, ahora entiendo amigo el titulo de tu blog, EL CINE...UNA REALIDAD POÉTICA, porque describes poéticamente cada milimetro del guión, del argumento, de la trama de cada pelicula, nos metes de lleno en la sala de cine, saboreando el olor a palomitas y al sonido ya lejano de los antiguos reproductores de cintas cinematográficas...sencillamente genial.

Un abrazo amigo.

Pablo dijo...

Tuve la gran suerte, de verla en la Seminci de Valladolid, fue la mejor de todas las exibidas ese año. Una película, que de verdad es bastante buena. La lástima fue (cosas que pasan por aquí), que luego pasó con más pena que gloria por las salas comerciales. De verdad, una verdadera lástima. Pero doctores tiene la iglesia. Saludos amigo Ariel.
http://pablocine.blogia.com

Ariel Luque dijo...

Bueno Ente muchas gracias por tus palabras. Es bueno saber que mis escritos te llegan de esa manera!! El fin de este blog siempre fue analizar puntillosamente cada parte y cada recoveco de los filmes que gustan, y no criticar. Es bueno saber que lo estoy logrando. Un abrazo enorme!

Pablo eso es verdad, paso completamente desapercibida. Es una verdadera lástima, porque se merecía mucho más. Son cosas que ultimamente y lamentablemente pasan en todos lados. Estas "salas comerciales" tampoco brindan el apoyo que se merecen estas pequeñas joyas. Un abrazo.

Ariel.

babel dijo...

Hola! Ni he visto ni conocía este film, pero has despertado mi interés. A ver si me hago con ella.
Un saludo!

Ariel Luque dijo...

Que bueno, luego contame que te pareció. Un abrazo Babel.

Ariel.

Unknown dijo...

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