
(foto del film: Unas fotos en la ciudad de Silvia)
Marcel Proust es uno de los mejores escritores de la literatura universal, cada una de sus obras son poéticamente hipnóticas y sumergen al lector en una solemnidad única. Desde hace tiempo que ando buscando un cuento (o texto) suyo llamado "Mujeres desconocidas" que fue traducido al español no hace mucho años. Este texto fue tomado como base por José Luis Guerín en su sublime ensayo fotográfico llamado "Unas fotos en la ciudad de Silvia" y que desde el momento en el que conocí este film, encontrar este texto pasó a ser mi mayor obsesión. Soló he podido encontrar fragmentos del texto:
"Vislumbraba uno de esos seres que a través de su rostro especial nos anuncia la posibilidad de una felicidad nueva. Cuando es especial, la belleza multiplica las promesas de felicidad. Cada ser es como un ideal aún desconocido que se abre a nosotros. Y ver pasar un rostro deseable que no conocíamos nos abre nuevas vidas que deseamos vivir. Desaparecen a la vuelta de la esquina, pero esperamos volver a verlos, nos quedamos con la idea de que hay más vidas por vivir de las que pensamos, lo que da más valor a nuestra persona. Un nuevo rostro que ha pasado es como el encanto de un nuevo lugar que nos ha revelado un libro. [...] Qué importa si no partimos, sabemos que existe, tenemos una razón más para vivir. Así miraba por la ventana para ver que la realidad y la posibilidad de vida que sentía junto a mí a cada hora contenían innumerables posibilidades diferentes de felicidad [...]Por desgracia no conoceremos todas las felicidades [...]Al menos nos dan nuevas razones para vivir." (Fuente Deeegie)
Haber leído este pequeño retazo del texto ha causado en mi una especie de revelación y desencadenado una pregunta que todos se deben estar haciendo: ¿Cuantas vidas he perdido? Cada persona es un mundo por conocer y una vida por vivir. Cuantas veces hemos visto aquel rostro que tanto se adueña de nuestra mirada por varios minutos y luego se fuga, dejándonos en un estado de melancolía absoluta. Ayer mismo me ha sucedido en el colectivo. Una mujer vestida de bata azul, que cuyo rostro estaba dotado de una deslumbrante experiencia, clavo sus admirables esferas verdes en mis ojos (vale aclarar que los míos desde hacía largo rato que tenían como único destino esos ojos verdes) esto se repitió varias veces acompañado de un juego de fugaces sonrisas, hasta que esta especie de Eros moderna llegó a su parada y descendió del coche, y yo, como estaba cargado de libros, no pude hacerlo. Ella se quedó inmóvil en el borde de la calle mirándome, yo me sentí impotente por no haber bajado y sin saber que podía haber sucedido.
Esos ojos verdes y ese mayestático rostro fueron una vida perdida y eso me sumergió en una triste melancolía, la misma que dejó en mí este maravilloso texto de Proust luego de haberlo leído. Ésta unión mística de dos personas fugitivas, esa fusión metafísica de dos miradas o de dos gestos, ese sometimiento dotado de admiración en el que se ven inmersos nuestros ojos para con ese agraciado y deseable rostro, es un momento que quedará tallado en alguna parte de nuestra memoria. Un gesto o una mirada - como la de esta mujer desconocida que crucé en el colectivo - puede poner de cabeza nuestro mundo e iniciar una nueva vida o tan solo - como dice Proust y como me sucedió - puede ser una nueva vida perdida que deseábamos vivir. Entonces ¿Como no sumergirme en un estado de melancolía luego de comprender esto? Pero eso sí, no duden de que seguiré buscando a esos ojos verdes fugitivos... será una nueva razón para vivir.




4 comentarios:
Wn Proust nace casi todo lo mejor del siglo XX.
Ariel, querido: me has tocado la fibra. No dejes de buscar esos ojos verdes, que han venido directamente del mundo de la magia a buscarte. De repente, tu vida novelada, parece "El túnel" (en sus inicios, claro) del gigante Sábato. Un instante cargado de resonancias, sí, entiendo tu melancolía, pero, un momento tan especial ha de tener algún significado, abre tus ojos, no te sumas en la melancolía y vaya a pasar a tu lado sin que la veas.
Te deseo mucha magia llena de reencuentros.
Si me lo permites, tendría mucho gusto en compartir contigo estos versos de André Bretòn:
Un poco antes de medianoche cerca del desembarcadero.
Si una mujer desmelenada te sigue no te preocupes.
Es el azul. No tienes que temer nada del azul.
Habrá un gran jarro claro en un árbol.
El campanario del pueblo de los colores disipados
te servirá de punto de referencia.
Tómate el tiempo, recuérdalo.
El oscuro geyser que lanza al cielo los brotesde helecho te saluda.
La carta sellada de los tres ángulos de un pez
pasaba ahora entre la luz de los suburbios
Como una enseña de domador.
Y al permanecer
la bella, la víctima, la que se llamaba
en el barrio la pequeña pirámide de reseda
se descosía para ella sola una nube semejante
a un saquito de piedad.
Es un placer. Un abrazo.
Lo bueno de Proust sin duda es su minuciosidad descriptiva, que convierte en poético hasta lo más cotidiano.
Saludos!!
Comparto con los tres, un maestro de la literatura, sin lugar a duda.
Elena te agradezco tanto por esos solemnes versos de Bretón, a quién admiro muchísimo. Aún no he podido encontrar a la fugitiva, pero te prometo que no descansaré.
Un abrazo grande a todos!
Ariel.
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